Durante generaciones, habitar el Perú significo coexistir con las prexistencias físicas e intangibles. Así, los pueblos originarios construyeron pensamientos y lenguajes propios configurando diversos paisajes. Lima, ubicada entre la cordillera y la costa dispone una superficie desértica, sin embargo, los ríos Chillón, Rímac y Lurín permitieron que las culturas prehispánicas derivaran sus aguas tejiendo un sistema hidráulico de canales, transformando progresivamente el desierto en prósperos valles agrícolas; articulando y redefiniendo los paisajes que hoy habitamos.
Los procesos de desterritorialización sepultan los canales. El canal de Surco irrigado por el río Rímac atraviesa Lima; y San Borja aprovecha sus aguas. Sin embargo, la especulación inmobiliaria responde con aspereza, desvirtuando el antiguo pensar.
El edificio aparece/desaparece frente a una artería del canal de Surco. Con la intención de mitigar y conciliar las problemáticas y realidades territoriales, urbanas y arquitectónicas se propone una huella y sección que configuran un nuevo perfil. Una doble fachada con retranqueos laterales promueve un mayor perímetro visual hacia el paisaje urbano-cultural-natural del canal. Y un nuevo frente hacia el suroeste concilia ambos lados de la manzana, reconociéndonos de manera inter-escalar. El proyecto reinterpreta elementos de la arquitectura prehispánica y tradicional costera produciendo transiciones y umbrales, conectándonos con el cielo y reconociéndonos en el valle.
La lógica estructural libera los frentes, promoviendo la colectividad, flexibilidad y adaptabilidad. Esta estrategia opera permitiendo diversas configuraciones en el tiempo: expandiéndose o retrayéndose. Su naturaleza cambiante y abierta dialoga entre lo individual y lo colectivo, lo público y lo privado, lo natural y lo construido, lo humano y no humano.
El proyecto finalmente aspira entablar diálogos conscientes, coherentes y cuidados con sus paisajes, la historia y lo intangible, invitando a reflexionar y explorar nuevas maneras contemporáneas de habitar y relacionarnos con el territorio ancestral sobre el que la ciudad ha sido construida.








