La Casa Winkelmann se implanta en Avircato, una zona en reciente expansión dentro del municipio de Mecapaca, al sur de la ciudad de La Paz. Se trata de un territorio periférico donde el clima más cálido, la presencia vegetal y la amplitud del paisaje redefinen las formas de habitar. El entorno combina sembradíos de verduras, restaurantes campestres y casas de campo, conformando un paisaje productivo y abierto, aún poco consolidado. El proyecto asume estas condiciones como punto de partida, entendiendo la vivienda no solo como refugio, sino como un dispositivo de mediación entre el interior doméstico y un territorio en transformación.
La casa se desarrolla en un terreno estrecho de aproximadamente 300 m², ubicado en una zona con muy pocos vecinos construidos, condición propia de un crecimiento reciente. Lejos de representar una limitación, esta situación impulsa una búsqueda por la calidad espacial y la continuidad visual. La estrategia proyectual se basa en la superposición de volúmenes claramente diferenciados: una base más contenida y un volumen superior que se posa con mayor ligereza, generando sombras, protección y profundidad espacial. Esta disposición permite ampliar visualmente el espacio habitable y reforzar la relación con el jardín y el horizonte abierto.
El proyecto retoma principios fundamentales de la arquitectura moderna -rigurosidad, precisión y economía de medios- no como herencia histórica, sino como valores vigentes. Su actualización es lo que otorga a la casa una condición contemporánea, donde la transparencia construye una relación controlada y consciente con el paisaje.
Paralelamente, la casa remite a principios presentes en la arquitectura japonesa del siglo XVI, donde la relación con la naturaleza, la modulación del espacio y la importancia del vacío fueron abordadas siglos antes de la modernidad arquitectónica. Al igual que en esas tradiciones, el proyecto entiende el habitar como una experiencia sensible, donde luz, paisaje y recorrido construyen una atmósfera serena y cotidiana.
La Casa Winkelmann propone así una vivienda contemporánea que, desde la austeridad formal y la precisión constructiva, reivindica el habitar como vínculo entre arquitectura, naturaleza y vida diaria.




