Se trata de un libro editado por el Instituto Boliviano de Urbanismo (IBU) y el Centro de Investigaciones en Arquitectura y Urbanismo (CIAU) – UPB, a partir de una serie de conversatorios virtuales organizados por el Instituto entre 2021 y 2022.
El texto constituye un hito en la producción bibliográfica nacional. Llena un vacío de cerca de 40 años, ya que probablemente es el primer documento integral de historia comparada de las ciudades de Bolivia desde el trabajo de Wolfgang Schoop de 1981. La obra constituye un aporte fundamental de las instituciones mencionadas de cara a la celebración de los 200 años de Bolivia (2025).
Es un documento de 640 páginas, estructurado en 12 capítulos. El primero recoge una exposición comparada de la situación de las ciudades en diferentes periodos históricos y corresponde a Juan Cabrera y Juan Ramón Rivera, diez capítulos corresponden a autores expertos que abordan la historia de las nueve ciudades capitales de departamento más la ciudad de El Alto, haciendo énfasis en su historia a partir del siglo XX. El capítulo final, que también corresponde a Cabrera y Rivera, reflexiona sobre la situación actual y propone (luego de más de dos años de investigación) un posicionamiento político sobre cómo podrían comprenderse las ciudades y desde que perspectivas podrían pensarse las formas para su gestión futura.
Las aproximaciones a la problemática histórica de las ciudades bolivianas han sido trabajadas desde puntos de vista y preocupaciones propias de cada colaborador del libro, por lo que no se trata de una obra de revisión lineal y temporal de eventos sucesivos, sino más bien de un análisis de problemas, circunstancias y fenómenos históricos –muchos de ellos comunes a distintas ciudades- que han configurado a las ciudades bolivianas más grandes tal como las conocemos hoy. Se busca que el libro sea leído, criticado, debatido y utilizado para aprender sobre nuestras ciudades. El aporte principal del libro reside en su propuesta de desentrañar las tensiones que configuran nuestras ciudades, evidenciando que la permanente contraposición entre la planificación y la informalidad, la diversidad y no la homogeneidad constituyen el motor que ha modelado nuestras urbes. Invita a reflexionar sobre las ciudades bolivianas no como espacios físicos, sino como territorios de conflictividad viva y permanente, donde la construcción de lo urbano se explica desde la pluralidad, el mestizaje y la coexistencia armónica y complementaria; un sentido opuesto al ideal de los modelos de planificación urbana tradicionales.