En el municipio de Copacabana, Bolivia, existen 33 comunidades, 10 de las cuales se ubican a orillas del lago Titicaca (el lago más alto del mundo, a 3812 metros sobre el nivel del mar). Una de estas comunidades es la aldea rural de Chañi, con una población de 205 habitantes.
La economía de esta comunidad se basa principalmente en el turismo. En cuanto a la población joven, existe una fuerte atracción por acceder a la educación universitaria en zonas urbanas como La Paz y El Alto. Muchos jóvenes regresan a su comunidad posteriormente con el objetivo de contribuir al desarrollo turístico de sus familias. Sin embargo, enfrentan dificultades para conseguir vivienda. En el caso de Chañi, como destino turístico, se prioriza la infraestructura turística sobre las soluciones habitacionales para la población local.
El proyecto surge como una iniciativa colectiva de profesionales comprometidos con el cuidado del borde lacustre, proponiendo un prototipo de vivienda anfibia que rescata la crianza de materiales constructivos tradicionales, como la totora a través de su tejido, en diálogo con la madera, la lana de oveja para los paneles constructivos y la tecnología flotante de las islas. La microcasa está diseñada para habitar tres estados: la tierra, el agua y el cielo, este último a través de una claraboya que conecta el cosmos con el habita interno del espacio, en una relación sensible con el paisaje y las constelaciones.
Uma Waru P’iqi es un manifiesto arquitectónico que articula la regeneración, sostenibilidad, identidad y espiritualidad, rescatando la memoria local para el futuro habitable con respeto profundo por la vida lacustre.
El sistema de diseño modular de Uma Waru P’iqi permite la expansión externa, conectándolo con entornos urbanos, a la vez que lo conecta internamente con las constelaciones nocturnas. Esta capacidad permite que la microcasa reavive el conocimiento ancestral mediante la lectura de bioindicadores, que actúan como códigos naturales que anticipan los cambios climáticos.
El diseño promueve una arquitectura regional, utilizando materiales locales que la comunidad mantiene a lo largo de su cuidado y ciclo de vida. Uno de estos materiales es la totora, una planta acuática ancestral con aplicaciones versátiles en construcción, mobiliario, artículos para el hogar, forraje para el ganado y fertilizante natural.
Así, la propuesta presenta la microcasa Uma Waru P’iqi, diseñada para un uso dual, tanto acuático como terrestre. En aymara, Uma Waru P’iqi se traduce como “Matriz de Agua Tejida”. Este concepto está profundamente arraigado en la cosmología andina, donde Uma (Agua) no es simplemente un recurso, sino una entidad viva con memoria: un flujo que conecta lo visible con lo invisible, lo material con lo espiritual. El lago Titicaca se considera una entidad sagrada, una matriz de vida donde florecen las cañas de totora y las comunidades han tejido su existencia durante generaciones.
El Waru (Matriz, Contenedor) se refiere al útero, simbolizando la capacidad de generar, proteger y contener. En arquitectura y diseño, representa un espacio protector y transformador, donde la vida se resguarda y evoluciona en armonía con su entorno. Por su parte, P’iqi (Entrelazado, Trenzado, Fusión) significa la integración de diversos elementos en un todo armonioso. En este contexto, no sólo se refiere al tejido físico de la totora sino también a la interconexión de conocimientos ancestrales y contemporáneos, lo flotante y lo terrestre, lo natural y lo construido.







