Ubicada en el entorno de Pedro do Rio, en el municipio de Petrópolis, esta casa de fin de semana fue proyectada como un refugio intergeneracional profundamente ligado al paisaje. El objetivo principal consistió en crear un hogar capaz de acoger a abuelos, hijos y nietos, consolidándose como un punto de encuentro donde la convivencia familiar fluye de manera natural y continua. La propuesta arquitectónica busca integrar naturaleza y arquitectura, ofreciendo experiencias sensoriales diversas que se transforman según la hora del día, las condiciones climáticas y el paso de las estaciones, reforzando una relación constante con el entorno montañoso.
A partir de un análisis riguroso de la orientación solar, la topografía y las visuales, el programa arquitectónico se organizó en dos alas principales que se articulan para conformar una plaza-jardín central. Este patio, estratégicamente orientado al norte, funciona como el corazón de la residencia y se abre hacia las vistas panorámicas del valle. Se trata de un espacio destinado a la contemplación y al encuentro, donde la luz natural, las sombras cambiantes y el movimiento de la vegetación construyen una atmósfera de calma y recogimiento.
En el área social, la estructura se caracteriza por una gran cubierta metálica a dos aguas, reducida a su expresión más esencial. Esta pieza se apoya con ligereza sobre robustos monolitos de piedra, evocando la imagen arquetípica de un refugio primordial. Sus amplios aleros y canaletas embutidas protegen la sala, la cocina y la terraza, diluyendo los límites entre interior y exterior. De este modo, la vivienda se mantiene fresca y ventilada en verano, y cálida y protectora durante el riguroso invierno serrano.
El ala de los dormitorios, situada al este, adopta un volumen bajo que se proyecta sobre la pendiente, permitiendo vistas suspendidas y reforzando una experiencia íntima, serena y profundamente conectada al paisaje natural.






