El proyecto surge como una respuesta estratégica a la degradación ambiental y social provocada por la explotación minera de oro a cielo abierto en el municipio de El Bagre. La propuesta no solo busca mitigar el impacto extractivo, sino transformar el río Nechí en el eje articulador de un sistema de espacio público que reconecte la ciudad con su entorno natural y regional.
La intervención se estructura en tres fases temporales de implementación: Fase 1 - La Apertura (2024): Se enfoca en la escala urbana inmediata mediante tres corredores transversales que vinculan el tejido existente con el río. Destacan el Parque el Bijao, el Parque de las Sombras y el Bosque Urbano La Floresta, consolidando áreas de valor ecológico y deportivo.
Fase 2 - Corredor Longitudinal (2028): Contempla la creación de un malecón sobre el río Nechí. Este tramo incluye hitos como el Malecón Cultural, la Plaza de la Vida y un museo, transformando la antigua zona de desecho minero en una plataforma de encuentro social.
Fase 3 - Integración Regional (2030): Escala el proyecto hacia una visión territorial. El río se convierte en un nodo de interconexión fluvial y motor de desarrollo mediante zonas de aprovechamiento agroforestal, promoviendo una nueva estructura de paisaje productiva y sostenible para la región.
“La reconquista del paisaje del río Nechí” trasciende la escala del diseño urbano convencional para posicionarse como un manifiesto de resiliencia territorial. Ante un contexto históricamente fragmentado por la minería de aluvión y la degradación ecosistémica, la propuesta redefine la relación entre el asentamiento humano y su soporte hídrico, transformando el río de una frontera de desecho en un conector de integración urbano-regional.
La estrategia, articulada a través de un sistema de espacios públicos multiescalares, no solo mitiga el déficit de áreas verdes, sino que propone una transición productiva hacia modelos agroforestales y turísticos. En última instancia, la intervención actúa como un catalizador sociopolítico que busca sanar la memoria del paisaje, devolviendo a los habitantes de El Bagre la soberanía sobre su entorno natural y consolidando un modelo de urbanismo hídrico exportable a otras regiones en conflicto ambiental.






















