El proyecto se organiza a partir de un eje que estructura el recorrido y articula arquitectura, paisaje y experiencia. La secuencia espacial se despliega de forma progresiva, conectando acceso, espacios públicos y áreas de encuentro en una lectura continua y precisa.
La implantación y el desarrollo del proyecto se apoyan en una lógica de progresión espacial, donde el visitante experimenta una transición gradual entre espacio urbano, arquitectura y paisaje. El recorrido se acompaña de espacios exteriores e interiores que favorecen la interacción, la contemplación y la permanencia, integrando explanadas, dobles alturas y superficies de agua como parte activa de la experiencia arquitectónica.
La forma surge de operaciones simples y controladas, donde volúmenes longitudinales y basamentos definen una estructura clara, eficiente y adaptable, integrando espacio, técnica y paisaje en un sistema coherente y duradero.
Desde el punto de vista espacial, el diseño prioriza la claridad y la flexibilidad. Los espacios interiores se resuelven mediante alturas generosas y una cuidadosa relación entre cerramientos y aperturas, permitiendo el control del ingreso de luz natural y de las condiciones acústicas necesarias para el correcto funcionamiento del museo. Esta estrategia garantiza la protección de los contenidos expositivos sin renunciar a una atmósfera abierta y contemporánea.
El proyecto adopta una lógica constructiva racional y accesible, orientada a la eficiencia y a la durabilidad en el tiempo. La estructura combina sistemas tradicionales de mampostería con pórticos de hormigón armado, permitiendo una modulación clara y la resolución eficiente de luces. Como complemento, se incorporan criterios de sostenibilidad mediante el uso de energías renovables, reforzando el compromiso del proyecto con una arquitectura responsable y coherente con su contexto.










