Trejo Residencia se sitúa en un paisaje de alto valor ambiental, donde la naturaleza no opera como fondo escénico sino como condición activa del habitar.
En este contexto, el proyecto asume una postura consciente: la arquitectura no modifica el territorio, sino que se inserta en él como una mediación sensible entre cuerpo y paisaje.
La recepción se concibe como un umbral: el primer acto de aproximación física, perceptiva y emocional a Trejo. Más allá de lo funcional: porterías diferenciadas para propietarios, visitas, personal y servicios, áreas administrativas, supermercado, cafetería y espacios de encuentro, el proyecto se plantea como una experiencia espacial que introduce al visitante en la lógica del lugar. Aquí, el programa se subordina al concepto; la arquitectura no se impone, acompaña.
Formalmente, la propuesta se expresa como una cinta de hormigón que emerge del suelo y dibuja la topografía existente, como un trazo continuo que registra las pendientes y los pliegues del terreno. No existe una fachada principal ni una orientación privilegiada: todas las caras son principales, todos los recorridos construyen sentido. La arquitectura se comprende en movimiento, desde el cuerpo que avanza, se detiene, gira y habita.
La cubierta plegada, se desarrolla como un origami que asciende y desciende suavemente, replicando el ritmo del paisaje natural. Su condición de cubierta verde refuerza la continuidad visual y ambiental, contribuyendo a la regulación térmica y al confort climático. La estructura de hormigón, concebida como un entramado consecuente con la geometría variable, expresa de manera directa la lógica constructiva del proyecto, sin artificios ni ornamentos.
Los muros de acero cortén emergen como una materialización de la greda del sitio, consolidando la idea de una arquitectura que brota de la tierra. La ausencia de paralelas, las direcciones múltiples y las alturas cambiantes generan una espacialidad fluida y diversa, donde cada tramo propone una experiencia distinta.
El espacio del lounge para propietarios se configura como un bosquecito habitado: un ámbito cubierto pero abierto, atravesado por vegetación, luz filtrada y ventilación cruzada. Terrazas, banquetas de obra y bordes habitables amplían las posibilidades de uso y apropiación, disolviendo los límites entre interior y exterior.
Desde una mirada sostenible, el proyecto integra cubiertas verdes, reciclaje de aguas para riego, muros con cámara que propician la inercia térmica y microclimas naturales que favorecen el bienestar.
Habitar Trejo es, en última instancia, una experiencia corporal: un estado de calma y conciencia donde el paisaje se vive, se siente y se reconoce, y donde la arquitectura actúa como un soporte silencioso para esa relación profunda entre cuerpo, territorio y tiempo.
