Perú se ha posicionado indiscutiblemente como una potencia culinaria global, sustentada en una biodiversidad privilegiada y una herencia cultural que hace de la cocina un pilar de su identidad. Bajo esta premisa, el distrito de Surquillo se alza como el ‘Barrio del Sabor’: un microcosmos forjado por la variedad de sus formatos y abastecido por el importante Mercado N°2. A diferencia de sus vecinos, Surquillo ofrece una densidad única de oferta gastronómica que integra desde la carretilla al paso y el emblemático huarique hasta la alta cocina, consolidando una vital simbiosis barrial-gastronómica.
Sin embargo, esta riqueza inmaterial contrasta con una realidad física precaria caracterizada por infraestructura obsoleta y falta de espacio público; una carencia que el mercado actual asume y sufre al intentar abarcar los usos necesarios sin contar con las condiciones adecuadas. Para superar esta brecha, se plantea un Edificio Híbrido Gastronómico que actúe como catalizador de renovación urbana, condensando usos complementarios bajo una estructura de eficiencia programática.
El proyecto integra el mercado de abastos con una nueva “Plaza de Carretillas” y un “Barrio de Huariques”, buscando dignificar e incorporar formalmente al vendedor ambulante, así como honrar los formatos gastronómicos espontáneos del distrito. Al sumar institutos culinarios y espacios de co-living para turismo, se garantiza que la unión de estos programas diferenciados se repotencie entre sí, generando una sinergia operativa superior a la de formatos aislados.
Dejando atrás su carácter ensimismado actual, la intervención se abre a la ciudad como una centralidad permeable que ordena el comercio y garantiza la salubridad. Con componentes como bio-huertos y un museo gastronómico articulado directamente a un restaurante temático —donde la muestra cultural finaliza en la experiencia sensorial del menú—, el proyecto revalora las raíces transgeneracionales y consolida a Surquillo como el epicentro definitivo de la identidad culinaria del Perú.




