El proyecto interviene un pabellón de un edificio preexistente, cuya estructura original se conserva y adapta a nuevos usos educativos. Una decisión clave fue reubicar la biblioteca en la fachada norte para aprovechar las condiciones climáticas de la ciudad, permitiendo el ingreso de luz solar en invierno y protegiendo el interior de su intensidad en verano.
De este modo, se garantiza un espacio confortable y bien iluminado durante todo el año. La Biblioteca Antonio Raimondi se concibe como un espacio flexible y funcional que beneficia directamente a los estudiantes, incorporando ideas sobre cómo el espacio influye en el desarrollo infantil. En su interior se integran áreas híbridas y dinámicas, como zonas de lectura, cubículos individuales y un pequeño auditorio.
El diseño optimiza los elementos existentes, transformando las paredes en estructuras programáticas de almacenamiento que maximizan el uso del espacio sin sobrecargarlo visualmente. Así, el proyecto se plantea como un modelo de espacio educativo innovador, versátil y conectado con niños y docentes.











