“José Arcadio Buendía soñó esa noche que en aquel lugar se levantaba una ciudad ruidosa con casas de paredes de espejo. Pregunto qué ciudad era aquella, y le contestaron con un nombre que nunca había oído, que no tenía significado alguno, pero que tuvo en el sueño una resonancia sobrenatural: Macondo” (100 años de Soledad).
La imprevisibilidad de la planificacion, la sorpresa etérea de una aventura marcada por escenas cuyo guion desconocemos, permitieron la transformación de una construcción existente en un habitáculo arquitectónico, donde las “ruidosas casas con paredes de espejos” imaginan proyectos arquitectónicos, es decir, una oficina de arquitectura de autoría de los habitantes.
En la zona del mercado principal de Asuncion, emerge sobre las paredes de una preexistencia, 2 niveles de piso destinados a oficinas. Se mantienen las paredes y se completan con bloques prefabricados de tierra apisonada. Hacia el oeste, se construye una huerta vertical colgante como contrapeso de la cobertura superior para contrarrestar el empuje del viento. Al este, se proyectan planos horizontales hidropónicos de cultivo como suelo para mantener las conexiones visuales al paisaje.
Aparecen patios en cada uno de los niveles que generan pequeños pulmones verdes. Constructivamente aparecen elementos de experimentación característicos del estudio: Lona superior de arpillera con arcilla liquida, revoques de tierra salpicada, bloques ecológicos de fabricación propia, pelotas de arcilla…














