El Parque Bicentenario se concibe como una infraestructura pública para habitar la memoria, el paisaje y la vida colectiva, transformando la conmemoración de los 200 años de libertad en una experiencia cotidiana y compartida. Más que un parque urbano, el proyecto propone un territorio de encuentro donde la comunidad no solo transita, sino permanece, se reconoce y se apropia del espacio a través del tiempo.
El diseño parte de la comprensión del habitar como una relación activa entre las personas, la historia y el entorno. A partir de cinco principios —historia, paisaje, entorno, libertad y simbolismo— el parque articula un sistema de espacios que permiten vivir la identidad cultural desde lo cotidiano. Senderos, plazas y áreas de estancia reinterpretan las huellas geográficas y sociales preexistentes, integrando los recorridos tradicionales y las dinámicas comunitarias como parte esencial del proyecto.
La noción de habitar el territorio se refuerza mediante la incorporación de elementos artesanales locales, como tejidos y bordados, que funcionan como una urdimbre conceptual y espacial. Estos recursos no solo aportan materialidad y expresión, sino que construyen un lenguaje arquitectónico que vincula lo nuevo con la memoria colectiva, fortaleciendo el sentido de pertenencia.
Inspirado en lógicas de asentamientos prehispánicos, el parque asume la temporalidad como valor: su estructura permite adaptaciones futuras sin perder su esencia, consolidándose como un soporte vivo para la evolución social y cultural. Espacios culturales, educativos y recreativos amplían las formas de habitar el parque, promoviendo el encuentro intergeneracional, la reflexión y el uso activo del espacio público.
Así, el Parque Bicentenario se presenta como un proyecto que habilita el habitar consciente, donde el pasado se integra al presente y proyecta un futuro colectivo, inclusivo y en constante transformación.






