La Amazonía boliviana enfrenta la erosión silenciosa de su patrimonio inmaterial; la pérdida de los saberes indígenas en Riberalta representa una fractura en nuestra identidad nacional que exige una respuesta de resistencia arquitectónica.
Este proyecto surge como un organismo vivo de resiliencia, donde la arquitectura actúa como un puente temporal entre el legado ancestral y la contemporaneidad. Basado en la cosmovisión de unidad absoluta entre humano y naturaleza, el concepto reinterpreta la Maloca como un sistema centrífugo que nace de un Centro Sagrado Principal, ramificando áreas de alta complejidad como seis salas de exhibición, talleres prácticos, biblioteca, centro de investigación y un auditorio para 600 personas.
La morfología es dominada por una rampa que envuelve el proyecto, que funciona como metáfora del tiempo: inicia a nivel de suelo representando el origen étnico y asciende en pendiente simbolizando la evolución y progreso de los pueblos, transformándose finalmente en una cubierta monumental y mirador elevado. En respuesta al tema hídrico del Beni, el complejo se asienta sobre un talud de tierra orgánico que protege el proyecto, empleando una tecnología híbrida de honestidad material que combina la inercia térmica del tapial y la madera local con técnicas de vanguardia. Los bloques de gran altura, orientados estratégicamente para captar luz indirecta del sur, protegen al usuario del rigor climático mientras ofrecen visuales hacia un recorrido interpretativo en planta baja que recrea el hábitat indígena a escala humana, con la reinterpretación de las viviendas comunales. Así, el proyecto rompe el concepto de “museo caja” para proponer una experiencia integral donde el paisaje y la historia convergen; y generan una experiencia al recorrer el espacio funcionando como un vehículo arquitectónico diseñado no solo para exhibir, sino para rescatar, vivir y sobretodo sentir la herencia amazónica hacia el futuro como el nuevo faro de identidad y el pulmón cultural de la Amazonía boliviana.







