Casa Hidalgo nace de la necesidad de albergar a una familia que busca un espacio de encuentro, protección y permanencia. El proyecto responde de manera directa al clima frío de la ciudad de Oruro y a las condicionantes propias del terreno: un lote entre medianeras, con un frente de 10 metros y un fondo de 29 metros, y una única relación con la calle.
La estrategia proyectual se basa en una decisión fundamental: ocupar únicamente el 50% del terreno construido y liberar el resto para patios y espacios abiertos. Esto permite que la casa se configure hacia el interior, garantizando una excelente iluminación y ventilación natural y un aprovechamiento térmico pasivo. Se prioriza la captación solar desde el norte y el oeste, orientaciones favorables en el contexto orureño, logrando así una vivienda cálida y eficiente.
La calidad espacial se potencia gracias a la constante relación entre los ambientes interiores y los patios, generando una experiencia doméstica rica, dinámica y profundamente conectada con el exterior. La casa se vive como una sucesión de espacios que dialogan con la luz, el aire y el vacío.
Todas las cubiertas se conciben como terrazas transitables, extendiendo la vivienda y reforzando el vínculo con la comunidad, el paisaje urbano y la naturaleza circundante. Estos espacios se convierten en lugares de encuentro, contemplación y uso cotidiano.
La materialidad de la casa es honesta, basada en el uso de piedra, hormigón y vidrio. La elección de estos materiales responde a su capacidad de envejecer con dignidad, reduciendo el mantenimiento a lo largo del tiempo. La piedra, en particular, aporta excelentes condiciones térmicas y establece un vínculo cultural y simbólico con el contexto local, reforzando la identidad del proyecto.
Casa Hidalgo se plantea, así como una vivienda sólida, eficiente y atemporal, donde la arquitectura acompaña la vida familiar y dialoga respetuosamente con su entorno.













