La vivienda se concibe como una pieza de arquitectura contemporánea definida por la composición de volúmenes puros y líneas precisas, donde el hormigón visto asume un rol estructural y expresivo. Su lenguaje sobrio se equilibra mediante la incorporación de materiales nobles —piedra local, madera natural y amplias superficies vidriadas— que aportan textura, calidez y una conexión entre interior y exterior.
La implantación responde de manera sensible a la pendiente natural del terreno, utilizándola como una oportunidad proyectual. Hacia la calle principal, la vivienda se percibe como una edificación de tres niveles, consolidando una presencia urbana clara y controlada; mientras que hacia el jardín se manifiesta en dos niveles, estableciendo una relación más abierta y fluida con el paisaje y los espacios exteriores. Esta estrategia optimiza visuales, refuerza la privacidad desde el frente urbano y vincula de manera directa el área social con el jardín y la piscina.
El programa se organiza en tres niveles con una zonificación precisa. El nivel inferior funciona como basamento, alojando el garaje y las áreas de servicio. El primer nivel concentra el área social, integrando sala, comedor, cocina y quincho en un esquema continuo y flexible, vinculado al exterior mediante grandes paños de vidrio. El nivel superior se destina al área privada, con dormitorios, sala de televisión y un balcón continuo que actúa como expansión y elemento de control solar y visual.
La luz natural es un componente fundamental del proyecto, potenciada por visuales cruzadas, dobles alturas y recorridos vidriados que enmarcan el paisaje de la zona. La iluminación artificial, integrada de manera arquitectónica, enfatiza planos, volúmenes y texturas, reforzando la lectura geométrica del conjunto.
En su totalidad, el proyecto propone una vivienda atemporal, donde arquitectura, materialidad, paisaje y luz se articulan para ofrecer una experiencia espacial coherente, funcional y de alta calidad.





