Un espacio donde la arquitectura no solo se mira, sino que se habita, se siente y se vive. Eso es HAMARK, una invitación a sumergirse en la esencia misma del trópico, re-imaginando uno de sus íconos más entrañables: la hamaca.
No es solo un pabellón; es el fruto de un viaje académico impulsado por la curiosidad y la experimentación en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela. Estudiantes de quinto, sexto año y una tesista se unieron para dar vida a una idea que busca ir más allá de lo convencional.
Al acercarse, se percibe de inmediato la interacción entre lo contenido y lo que se contiene. Sus pórticos de madera y los nodos en acero forman una armadura sólida y protectora, un esqueleto estructural que define los límites. Pero dentro de esta estructura, se descubre una malla flexible, una piel que invita a la libertad, la relajación y la adaptación. Es la tensión entre la rigidez y la fluidez lo que define su espíritu, una interacción constante que evoca la propia naturaleza dinámica de la hamaca.




