Este proyecto nace en memoria de una criatura indescifrable, que un día ascendió hacia la superficie, guiada por un deseo: sentir la luz. Pero antes de lograrlo, fue herida por una lanza. Un gesto abrupto quebró su tránsito y detuvo su cuerpo.
Lo que quedó no fue la carne, sino el esqueleto: una estructura vaciada de movimiento, pero cargada de intención. Una trama etérea, que revela en sus uniones y vacíos la memoria de lo que fue. Fragmentos que, al ensamblarse, no solo sostienen, sino que cuentan.
COHÉREO es esa forma detenida que, en su pausa, encontró un nuevo lenguaje. Una arquitectura de ensamblajes ligeros, donde cada módulo se vincula con el siguiente no por necesidad funcional, sino por afinidad simbólica. Un cuerpo que, aún inmóvil, respira a través de la luz, proyecta sombra, y construye sentido.
Durante el día, esa luz revela su trama, sus vacíos, sus intersecciones. Durante la noche, sin embargo, algo cambia: desde su interior comienza a latir una luz tenue, como si aún respirara. Su presencia se vuelve intangible, aérea, y quienes seatreven a entrar descubren un espacio que no solo se recorre, sino que se escucha.
Un esqueleto vivo, suspendido entre lo visible y lo invisible, que recuerda en cada punto de contacto cómo estuvo unido.




