El pabellón se presenta como un objeto que aterriza y se posa sobre el suelo, como una nave que irrumpe en su entorno. Su presencia es disruptiva: redibuja y transforma el espacio que lo acoge, proponiendo nuevas vivencias por medio de sus límites. Naos nos invita a explorar la transición desde varios ángulos; desde el exterior al interior, de la exposición del afuera a la contención íntima del adentro.
La transicion como tema arquitectonico se expresa en torma de capas, que dehnen etapas claves del recorrido: desde el sólido caparazón externo que resguarda, hasta la ligereza de la tela que se eleva. En el corazón latente surge un volumen suspendido, como un objeto contemplativo que invita a alzar la mirada hacia un reflejo que distorsiona la percepción y altera la realidad. Este reflejo devuelve la imagen de quien lo observa, posicionándolo como protagonista del espacio interior.
Como en los templos antiguos, el naos representa el núcleo sagrado: un centro de introspección y conexión. Aquí, ese centro se transforma en un espacio de intimidad que convoca al diálogo y al compartir,




