Ubicada en un enclave privilegiado de la geografia caraqueña, esta vivienda de 560 m2 se concibe como un bloque puro y formal, que se posa sobre una parcela en esquina.
El proyecto nace de la búsqueda de un equilibrio preciso entre la honestidad materia y la optimización de la vida cotidiana, donde la volumetría de concreto y vidrio se ve enriquecida por una doble piel de porcelanato amaderado, logrando una envolvente que protege y respira.
La forma no es un capricho estético, sino la respuesta directa a su función. El volumen sólido se perfora estratégicamente para generar una dialéctica entre seguridad e integración, permitiendo que el habitante se sienta protegido en un refugio robusto que, simultáneamente, se vuelca hacia la majestuosidad del cerro El Ávila y el perfil urbano de la ciudad. El diseño rinde tributo a su condición de esquina mediante un elemento de transición que articula ambas fachadas, resolviendo el encuentro urbano con elegancia formal.
Técnicamente, la obra destaca por su precisión estructural y el uso de grandes luces liberando la planta de obstáculos visuales. El programa se organiza de forma ascendente, aumentando la privacidad y la apertura hacia el paisaje
Nivel sótano: Un núcleo funcional y creativo que alberga depósitos y un área de reuniones muy versátil.
Planta baja: Un espacio fluido que integra las áreas de servicio y sociales con el jardín y las terrazas, eliminando las fronteras entre el interior y el exterior.
Planta 1: Un refugio familiar compuesto por tres suites con sus servicios, y un estar intimo, donde la materialidad táctil promueve el descanso.
Planta 2 (master suite): Aquí, la pureza del volumen se rompe para abrirse totalmente a las vistas. Este nivel corona el proyecto con una gran habitación principal, con un estudio, vestier, un baño con jardín interno que oxigena el espacio y el acceso a una terraza visitable en el techo que ofrece una visión espectacular.





